INSIDE LONDON 2012 PAR ISALINE (26 Ans et 361 jours),LONDRES
N’ayant pas eu le
temps de me rapprocher a moins de 5 kilometres de n’importe quel complexe
olympique depuis que London 2012 a commence, c’est la partie cachee de
l’iceberg que j’ai eu l’honneur et l’avantage de cotoyer: tous ces gens venus
des quatres coins du monde prendre les escalators du mauvais cote et manger le
dernier muffin au chocolat du Starbucks de mon quartier…
Les francais
representent le plus gros pourcentage de vente de tickets au monde, et avec des
eurostars rajoutes pour satisfaire la demande, et des ferrys bondes, autant
vous dire que la perfide Albion est a l’heure des sandwiches
camembert-jambon-cornichons (consommés par des francais peinturlurés aux heures
de pointe dans un metro surchauffé…). Le francais se deplace en bande et, tout
comme le celebre vampire dont le visage adorne tous les tee-shirts d’ados que
je vois, il emmene toujours avec lui un peu de sa terre natale et son cubi de
Beaujolais.
Je garderai des
souvenirs imperissables de cette experience et ne cesserai jamais de comparer
les 16,000 francais (plus ou moins) que j’ai vu passer aux dessins d’Uderzo et
aux scenarios de Goscinny, dont les estimations etaient on ne peut plus juste!
Ahh que des bons souvenirs… et de fou-rires! Ce groupe qui veut me faire porter
le blame parce qu’il pleut! Ou cet autre qui me fait remuer ciel et terre parce
que je leur propose un dejeuner dans un restaurant indien et que:
‘Mademoiselle, nous ne venons pas a Londres manger Indien’ mais qui finit a la
Brasserie Blanc. Messieurs-dames, la dernière fois que j’ai verifie, Raymond
Blanc était ne sous la bannière bleu-blanc-rouge. Ou encore cette dame qui me
confie avant d’aller sur le Belem: ‘je ne peux pas monter la-dessus, j’ai le
mal de mer!’ a qui je repond, ‘madame la maree est descendante, c’est de l’eau
douce, vous êtes donc sauvee!’ et qui acquiesce, confiante en ma capacité a
contrôler la houle de la Tamise!
Rien ni personne ne
peut remplacer mes chers compatriotes sur le podium de l’esprit et je regrette
de n’avoir pas pu filmer certaines occasions ou même d’être sous le sceau de la
confidentialité quant a certaines personnalités que j’ai pu croiser dans les
couloirs des hôtels. Dans quelques années, j’ecrirai un livre anonyme ou je
raconterai les déboires des managers qui m’appellent pour me demander si c’est
normal d’avoir trois personnes dans une chambre double…
INSIDE LONDON 2012 por ISALINE, 27 AÑOS, LONDON
Aunque no he tenido tiempo de
acercarme a menos de 5 km de ningún complejo olímpico una vez comenzado Londres
2012, sin embargo he tenido la suerte y el honor de frecuentar la parte oculta
del iceberg, todas esas gentes venidas de todos los rincones del mundo a coger
las escaleras mecánicas por el lado equivocado y a comer el último muffin de
chocolate del Starbucks de mi barrio...
Los franceses tienen el porcentaje
más alto de venta de entradas, y con los Eurostar añadidos para satisfacer la
demanda y los ferrys abarrotados, sobra decir que la pérfida Albión se llenaba
de sándwiches de camembert, jamón, pepinillos (consumidos por franceses
embadurnados en las horas punta en un metro recalentado...). El francés se
desplaza en pandillas y, al igual que el célebre vampiro cuyo rostro adorna las
camisetas de todas las adolescentes que veo, lleva siempre con él un poco de su
tierra y su cuba de Beaujolais.
Guardaré recuerdos imperecederos de
esta experiencia, y no dejaré nunca de comparar a los 16000 franceses (más o
menos) que he visto pasar con los dibujos de Uderzo y los guiones de Goscinny,
cuyas estimaciones no podrían ser más justas. ¡Ah, qué buenos recuerdos, y lo
que nos hemos reído! Ese grupo que me quería echar la culpa de que estuviera
lloviendo... O ese otro que me hizo remover cielo y tierra para que les
propusiera una comida en un restaurante indio, parar luego decirme: «Señorita,
no hemos venido a Londres para comer comida india» pero que acabó en la
Brasserie Blanc (señores y señoras, la última vez que lo consulté, Raymond
Blanc tenía nacionalidad francesa...). O también esa señora que me confió antes
de ir a Belem: «No puedo subir ahí arriba, me mareo», a lo que le respondí:
«Señora, la marea está baja, el agua es dulce, está usted salvada», y que
estuvo de acuerdo y confió en mi capacidad de controlar el oleaje del Támesis.
Nada ni nadie puede remplazar a mis
queridos compatriotas en el pódium de mi alma, y lamento no haber podido grabar
algunas anécdotas o también el estar bajo el sello de la confidencialidad en lo
que respecta a algunas personalidades que me he podido cruzar en los pasillos
de los hoteles. Dentro de unos años, escribiré un libro anónimo en el que contaré
los disgustos de los directores de equipo que me llamaban para preguntarme si
era normal tener tres personas en una habitación doble.
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